domingo, 23 de agosto de 2009

Pensando en el regreso



El paso del tiempo en un cafe de Buenos Aires
tiene otra medida. Seguro



Puerto Madero

Evidentemente los acontecimientos me han superado, no tiene otra explicación.
En la ultima entrada hablaba de nuestro paso por El Chalten, pero hace tiempo de eso. ¿Tiempo?, en realidad medir el tiempo en este viaje ha sido algo complejo y a veces completamente inútil. Los días se han sucedido vertiginosamente, y aun así disfrutábamos de cada instante como si fuéramos protagonistas de secuencias rodadas en tiempos lentos. Se me antoja muy lejano el día que partimos de Madrid. Veintinosecuantos días, un mes, tal vez un año? ..., con gusto nos quedábamos otra temporada por acá.
Como iba diciendo, volvimos a El Calafate desde El Chalten, y desde allí pasamos la frontera con Chile por Cerro Castillo. Nuestro siguiente destino, el Parque Nacional Torres del Paine, nos aguardaba.
Pero os contare con mas detalle los días pasados, merece la pena, o al menos eso creo.
Ahora el tiempo ya no me da para mucho.
Escribo estas lineas en un café de Puerto Madero, en la ciudad de Buenos Aires. Gran ciudad, que como todas las grandes, tal vez acumule demasiadas contradicciones. Aun así, Buenos Aires nos ha obsequiado con excelentes momentos. Nos sobrecogió recién llegados de Patagonia. Nos sorprendió cuando descubrimos sus rincones mas hermosos. Y nos agoto físicamente, porque como toda gran ciudad, caminarla es conocerla, pero Buenos Aires es inmensa.
Apenas unas pocas horas para salir hacia el aeropuerto, suficiente para agradecer, a todos los amigos, el tiempo dedicado a este blog, agradeceros la compañía, que con vuestros comentarios y visitas, nos habéis prestado en este viaje.
Quiero disculparme por no haber seguido los blogs amigos como se merecen, pero a mi regreso, tras un descanso, en septiembre vuelvo a la actividad blogera, con energías renovadas. Entonces os contare algo mas de la Patagonia.
Hasta entonces, un abrazo.

Nikon D200. Objetivo 17-50 mm 2,8. ISO 100.

sábado, 22 de agosto de 2009

El Chalten. Parque Nacional Los Glaciares II



Estancia La Leona





El Chalten


Con el traqueteo del autobús regular que nos lleva dirección El Chalten, es imposible conciliar el sueño. Las 9h de la mañana, hace ya mas de una hora que salimos de la estación de autobuses. El día es muy frió, atravesar la mítica Ruta 40, en medio de la nieve y el hielo es espectacular y me hace pensar en la pericia de los conductores en esta parte de la Patagonia.
Hacemos una parada muy breve en la estancia La Leona, un lugar con sabor a frontera y el recuerdo de los primeros pioneros aun flotando en el ambiente. No me extraña ver las paredes decoradas con fotografiás y recortes de prensa de época, de aquellos personajes que dieron con sus huesos en este alojamiento. Entre sus clientes mas famosos destacan Butch Cassidy y Sundance Kid a quienes también acompañaba la esposa de éste último Ethel Place, quienes luego de robar el Banco de Londres y Tarapacá en Río Gallegos, efectuaron aquí una parada técnica en su huida hacia Chile.
Por fin El Chalten nos recibe entre nubes y amenazas de nieve, que caerá intermitente mente a lo largo del día. Una localidad extrañamente despoblada, como si no estuviera terminada, donde las viviendas salpican un pequeño valle encajonado entre montañas. No alcanzamos a ver la majestuosa figura del Fitz Roy, pero su presencia se hace notar, domina el valle, su protagonismo es absoluto.
En la temporada alta, que aquí comienza con la llegada de la primavera, la población de El Chalten permanece volcada en servicios para excursionistas y montañeros, ahora en invierno, vive un dulce letargo, recuperando fuerzas.
Leía en el prologo de un libro sobre rutas de montaña en El Chalten, como su autor animaba a descubrir la magia de este rincón de la naturaleza patagonica, antes, decía, que conviertan El Chalten en un nuevo “remake” de El Calafate.
Espero que eso no llegue a ocurrir nunca, ahora prefiero disfrutar de estos momentos, puros, fríos, intensos, ...

Nikon D200. Objetivo 17-50 mm 2,8. ISO 100.

miércoles, 19 de agosto de 2009

El espectáculo del hielo


El Parque Nacional de los Glaciares,
desde la península Magallanes




Glaciar Perito Moreno


Apenas hace unas horas estábamos todavía apoyados en la barandilla de uno de los miradores, contemplando un espectáculo mágico. Las rachas de viento hacían sentir la fría mañana con toda su intensidad, y el sonido de los témpanos al desquebrajarse y caer sobre el lago, rompía el silencio reinante.
El Perito Moreno impresiona. No es el glaciar más grande del Parque Nacional Los Glaciares, pero su accesibilidad para poder visitarlo, su enorme frente de hielo, de alrededor de 5 km, con unos 60 metros de altura máxima y su lento caminar que le hace precipitarse suavemente sobre el Lago Argentino, le convierten en un gran espectáculo apto para todos los públicos.
El Calafate es la población que brinda acceso a la península de Magallanes, desde donde se puede visitar el glaciar. Una población peculiar, sin duda, con una calle central donde se agolpan casi todos los comercios imaginables, restaurantes excesivamente caros y tiendas de souvenir. Es la arteria vital de una ciudad volcada al turismo y cuya única atracción es el glaciar Perito Moreno.
Pero es conveniente alejarse de esta calle, de sus tiendas y de su aparente lujoso casino y perderse un poco por los alrededores de EL Calafate. Tan sólo dos cuadras en cualquier dirección, son suficientes para abandonar la excesiva iluminación de sus comercios y caminar por calles de barro, salpicadas de viviendas, todas diferentes. Buscar un lugar para comer por la periferia se convierte en toda una proeza, digna de los primeros aventureros que llegaron a estas tierras, más si cabe, en esta época del año, donde el turismo es muy escaso, y por lo tanto, los servicios muy reducidos.
Cuando se contempla El Calafate desde su zona más elevada, la impresión que ofrece es muy diferente. Una ciudad extensa, increíblemente extensa, urbanizada sin orden ni control aparente, donde el alumbrado, el mobiliario urbano, los servicios, el asfaltado de las calles y el pavimentado de las aceras, se limitan a su zona centro. Su disposición alrededor del Lago Argentino, con la inmensa cordillera de los Andes de fondo, como si de un gran decorado de cine se tratase ... es entonces cuando me reconcilio con El Calafate y saboreo lo que amablemente me ofrece.

Nikon D200. Objetivo 17-50 mm 2,8 y 70-200 mm 2,8. ISO 100.