sábado, 12 de septiembre de 2009

Lago Grey



Bosque de Lengas



Farolito. Hemiparásita que vive sobre las ramas
de las lenga, ñire y coihue



Cementerio de témpanos



Esa tarde el viento era fuerte, nos advirtieron que posiblemente el barco que recorre el lago Grey hasta el glaciar, no saldría, al no contar con suficiente pasaje. “Suficiente”, en este caso, es el sinónimo de no rentable. Nos tendríamos que conformar con salir en la zodiac.

La ruta hasta el embarcadero es una maravilla. Se cruza un río (el Grey, que nace en el lago del mismo nombre) por un puente de madera colgante y un camino que atraviesa el bosque de lengas, ñires y coihues, entre otras especies. Cuando abandonamos el bosque y alcanzamos la orilla del lago Grey, ante nosotros se abría una enorme playa, al fondo, casi donde no alcanza la vista, el glaciar Grey nos lanzaba sus vientos helados, barriendo toda la laguna.

El glaciar Grey bebe de la misma fuente que el Perito Moreno, es decir del Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las mayores extensiones de hielos continentales (la tercera más extensa del mundo tras la Antártida y Groenlandia). No tan accesible como el Perito, pero también espectacular, aunque lo que nos maravilló fue el cementerio de témpanos, por donde nos adentramos con la zodiac en medio de un viento racheado que levantaba un fuerte oleaje.

Nikon D200. Objetivo 17-50 f/2,8G y 12-24 f/4G. ISO 100.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Entre montañas



El Almirante Nieto cubierto parcialmente por las nubes



Cuernos del Paine desde el Salto Grande



Torre Central, Torre Norte y Nido de Cóndor


Las posibilidades que ofrece el Parque Nacional de las Torres del Paine, a todo aquel que se aventure por sus sendas de montaña, son casi infinitas. Explorar sus rincones, deleitarse con su naturaleza y disfrutar de la presencia constante de su macizo central, es un gozo.

La montaña es mágica, sus cumbres embriagan, si dedicas el tiempo suficiente en su contemplación, te terminas enamorado de este inmenso espacio natural, y nunca, nunca decepciona. Allí cada día es diferente, la climatología tan extrema y variable, facilita mil y un rostros, infinidad de sensaciones distintas, todas muestran con orgullo la grandeza de unas cumbres soñadas.

Nikon D200. Objetivo 17-50 f/2,8G y 70-200 f/2,8G. ISO 100.

martes, 8 de septiembre de 2009

Torres del Paine



Vista panorámica desde la laguna Honda



Anochece en la estancia-hostería Las Torres


Las Torres del Paine nos recibió en medio de una ventisca de frío y nieve.

El camino fue una tortura. El todo terreno sorteaba las placas de hielo y los agujeros en la pista de ripio con fortuna dispar. Los limpiaparabrisas no daban a basto y el camino tan sólo se adivinaba. Según nos acercábamos a la estancia-hostería Las Torres, la tormenta fue amainando, hasta quedar en una leve nevada intermitente.

Reencontrarnos con las cumbres, en medio de un paisaje cubierto de un manto blanco, fue algo que difícilmente se puede explicar con palabras.

Hacía ya 5 años que habíamos visitado este parque de montaña, en aquella ocasión accediendo desde el puerto chileno de Puerto Natales. Por aquel entonces el ferry que nos debía bajar desde Puerto Mont, en la zona de los lagos chilena, llegó con tres días de retraso y nuestra estancia en el Parque se redujo más de lo recomendable.
Pero ahora teníamos la satisfacción del reencuentro, sabedores que en los próximos cinco días, la montaña nos regalaría sus mejores sensaciones. Todo estaba ahí, al alcance de la mano, tan sólo quedaba tomarlo, con pasión, pero también con respeto. Esos días quedarán grabados para siempre en nuestros recuerdos.

Si queréis saber algo más del Parque Nacional Torres del Paine, podéis pinchar aquí.