martes, 15 de septiembre de 2009

Pumas









-
Rodilla en tierra, sujetando firmemente la cámara, con el 70-200 montado y el enfoque manual seleccionado, tan sólo quedaba fotografiar.

Uno de los pumas salió entre los matorrales y se perdió siguiendo el curso del río. El otro, trepó rápidamente hacia una suerte de cueva. Allí permaneció un buen rato, observándonos. Finalmente continuó ladera abajo, hasta perderlo de vista.

Hay momentos que no los pagan ni los de la “mastercard” esa.

Nikon D200. Objetivo 70-200 f/2,8G. ISO 400.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Seguimos las huellas?




Muchas veces me he planteado, ¿para que narices cargo con todo el equipo fotográfico cuando salgo a andar por la montaña?. Cristales, filtros, tarjetas, baterías (tres mejor que dos), que si el disparador, ... esa tarde tuve la respuesta, no sólo eso, me arrepentí de no cargar con el trípode: quita, quita, otro trasto más, me dije. Y allí lo dejé.

Comenzamos ha caminar sobre las 3 de la tarde. En un principio nuestro guía (Pedro, un gran tipo) nos propuso tomar un sendero que llevaba hasta una laguna cercana. Nos pareció bien y comenzamos el treck, charlando e intercambiando anécdotas. Al poco rato observamos unas huellas frescas en la nieve.

- Es muy difícil ver un Puma, pero si les parece podemos intentar seguir las huellas.

Nos pareció una idea estupenda, y de este modo comenzamos a seguir el rastro.

Seguimos las huellas cerca de una hora. La verdad es que era sencillo, la nieve recién caída era un mapa perfecto, lleno de señales. Y así cruzamos riachuelos, siempre montaña arriba, charlando de esto y aquello, en especial sobre las costumbres de los animales en el Parque. En un principio era un sólo puma, al poco rato observamos más huellas, dos, tal vez tres, uno de ellos parecía más grande. Poco a poco la tarde iba pasando, la nieve había dejado de caer, habíamos entrado en calor con la caminata y a mí, esto de hacer de naturalista, comenzaba a divertirme.

Al descender el penúltimo repecho, fuimos a parar a una pequeña explanada. Allí fue cuando vimos, en un claro, la nieve revuelta.

- Cómo se lo han pasado!!, aquí han estado jugando. Jugando o ... tal vez cazando.
- Mirad, aquí hay restos de pelo, parece de liebre!!
- Joder!!, y aquí más ... y gotas de sangre. Es como si hubieran arrastrado la pieza.
- SSSSSH!!!, mi madre!!!, ... mirad allí!, tras los matorrales!! ...

Nikon D200. Objetivo 17-50 f/2,8G. ISO 100 y 70-200 f/2,8G. ISO 400.



sábado, 12 de septiembre de 2009

Lago Grey



Bosque de Lengas



Farolito. Hemiparásita que vive sobre las ramas
de las lenga, ñire y coihue



Cementerio de témpanos



Esa tarde el viento era fuerte, nos advirtieron que posiblemente el barco que recorre el lago Grey hasta el glaciar, no saldría, al no contar con suficiente pasaje. “Suficiente”, en este caso, es el sinónimo de no rentable. Nos tendríamos que conformar con salir en la zodiac.

La ruta hasta el embarcadero es una maravilla. Se cruza un río (el Grey, que nace en el lago del mismo nombre) por un puente de madera colgante y un camino que atraviesa el bosque de lengas, ñires y coihues, entre otras especies. Cuando abandonamos el bosque y alcanzamos la orilla del lago Grey, ante nosotros se abría una enorme playa, al fondo, casi donde no alcanza la vista, el glaciar Grey nos lanzaba sus vientos helados, barriendo toda la laguna.

El glaciar Grey bebe de la misma fuente que el Perito Moreno, es decir del Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las mayores extensiones de hielos continentales (la tercera más extensa del mundo tras la Antártida y Groenlandia). No tan accesible como el Perito, pero también espectacular, aunque lo que nos maravilló fue el cementerio de témpanos, por donde nos adentramos con la zodiac en medio de un viento racheado que levantaba un fuerte oleaje.

Nikon D200. Objetivo 17-50 f/2,8G y 12-24 f/4G. ISO 100.