viernes, 18 de septiembre de 2009

Mis recuerdos



De nuevo cruzábamos la pista de acceso al Parque de las Torres del Paine, esta vez de regreso, dirección El Calafate. Amanecía en las interminables llanuras patagónicas, y admirando el paisaje, me veía incapaz de contener la melancolía y cierto atisbo de tristeza. Mirando por la ventana del bus, con la vista perdida y los recuerdos, revoltosos, jugueteando entre mis pensamientos, los últimos días pasaban delante de mí como flashback, nítidos y precisos.

Al día siguiente cogeríamos un vuelo dirección Buenos Aires. Al final dejaríamos atrás el Gran Sur, La Patagonia y Tierra de Fuego. 20 días muy intensos, llenos de emociones y buenas sensaciones.
Se que voy ha volver. Si tenéis la oportunidad de visitar esta parte del mundo, igualmente sabréis que volveréis. Es así de sencillo, engancha.

Seguiré subiendo fotografías de estos lugares, ya de una manera alterna, más que nada por dar por finalizada la serie. También os contaré, a través de imágenes, mis impresiones sobre Buenos Aires. Ahora os dejo con uno de mis últimos recuerdos del viaje. Gracias por seguirme todos estos días.

Nikon D200. Objetivo 17-50 f/2,8G. Focal 34 mm. Diafragma f/5. Obturación 1/200s. ISO 100.

martes, 15 de septiembre de 2009

Pumas









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Rodilla en tierra, sujetando firmemente la cámara, con el 70-200 montado y el enfoque manual seleccionado, tan sólo quedaba fotografiar.

Uno de los pumas salió entre los matorrales y se perdió siguiendo el curso del río. El otro, trepó rápidamente hacia una suerte de cueva. Allí permaneció un buen rato, observándonos. Finalmente continuó ladera abajo, hasta perderlo de vista.

Hay momentos que no los pagan ni los de la “mastercard” esa.

Nikon D200. Objetivo 70-200 f/2,8G. ISO 400.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Seguimos las huellas?




Muchas veces me he planteado, ¿para que narices cargo con todo el equipo fotográfico cuando salgo a andar por la montaña?. Cristales, filtros, tarjetas, baterías (tres mejor que dos), que si el disparador, ... esa tarde tuve la respuesta, no sólo eso, me arrepentí de no cargar con el trípode: quita, quita, otro trasto más, me dije. Y allí lo dejé.

Comenzamos ha caminar sobre las 3 de la tarde. En un principio nuestro guía (Pedro, un gran tipo) nos propuso tomar un sendero que llevaba hasta una laguna cercana. Nos pareció bien y comenzamos el treck, charlando e intercambiando anécdotas. Al poco rato observamos unas huellas frescas en la nieve.

- Es muy difícil ver un Puma, pero si les parece podemos intentar seguir las huellas.

Nos pareció una idea estupenda, y de este modo comenzamos a seguir el rastro.

Seguimos las huellas cerca de una hora. La verdad es que era sencillo, la nieve recién caída era un mapa perfecto, lleno de señales. Y así cruzamos riachuelos, siempre montaña arriba, charlando de esto y aquello, en especial sobre las costumbres de los animales en el Parque. En un principio era un sólo puma, al poco rato observamos más huellas, dos, tal vez tres, uno de ellos parecía más grande. Poco a poco la tarde iba pasando, la nieve había dejado de caer, habíamos entrado en calor con la caminata y a mí, esto de hacer de naturalista, comenzaba a divertirme.

Al descender el penúltimo repecho, fuimos a parar a una pequeña explanada. Allí fue cuando vimos, en un claro, la nieve revuelta.

- Cómo se lo han pasado!!, aquí han estado jugando. Jugando o ... tal vez cazando.
- Mirad, aquí hay restos de pelo, parece de liebre!!
- Joder!!, y aquí más ... y gotas de sangre. Es como si hubieran arrastrado la pieza.
- SSSSSH!!!, mi madre!!!, ... mirad allí!, tras los matorrales!! ...

Nikon D200. Objetivo 17-50 f/2,8G. ISO 100 y 70-200 f/2,8G. ISO 400.