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No me refiero a esas cartas escritas a mano que solíamos intercambiar por correo entre familiares y amigos. ¡Qué tiempos aquellos, amig@s!. Me refiero a esas otras cartas que se encuentran colgadas en una pared o en un tablón a la entrada del bar. Ese otro montón de palabras que crean un conjunto emocional, sugerente y lleno de expectativas, dependiendo de la hora del día y el lugar donde se encuentren. Son una fuente de alegría para el curioso que pasa por casualidad o el turista accidental que descubre una pequeña joya escondida en una calle menor de cualquier ciudad; y deciden participar en ese juego entre promesas y decepciones, entre sorpresas y alguna que otra frustración. En amarillo sobre muro blanco, la carta lucía llamativa.

¿Y como no quedarse hipnotizado ante semejante carta? Primero por el llamativo color amarillo ante ese muro blanco y además por la curiosidad de poder leer el contenido de la misiva y comenzar a inventar una historia más o menos novelada de la que podemos hacernos dueños.
ResponderEliminarUn abrazo Ángel
Una fotografía llena de atractivo y curiosidad, por no hablar de la capacidad del autor para detectar su interés.
ResponderEliminarUn abrazo, Ángel.
Una carta más que llamativa. Supongo que el "contenedor amarillo" de la carta se ha reciclado de usos anteriores. Una delicia visual!!!
ResponderEliminarUn fuerte abrazo Ángel
Hola, Ángel
ResponderEliminarUna joya callejera, como dices...
Un abrazo y buen día.
Magnífica joya encontraste, digna de ser exhibida.
ResponderEliminarAferradetes, Ángel.