sábado, 15 de agosto de 2026

Eclipse del sentido común



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Pasó el eclipse y todo continúa en su sitio, nada o casi nada se ha movido un milímetro. Pasaron las celebraciones, los debates, los programas especiales, el bombardeo continuado... y al final casi todos acudimos a contemplarlo. Yo también. Más que nada por no parecer el rarito cuando alguien me pregunte donde me encontraba ese día tan señalado; entonces podré decir que en un pinar cercano a mi barrio, con las dichosas gafas homologadas con el ISO no sé cuantos, que además lo pude contemplar durante los cuarentaitantos segundos que por aquí duró. Y ya está. Pero ese otro eclipse, el del sentido común, el de la cordura y la razón se mantiene inamovible. Oscureciéndolo todo. Ese otro eclipse que ya dura lustros y está enquistado hasta las trancas por no sé cuantos años más en el tejido social, entre las costuras de lo humano y lo decente. Ese mismo que no necesita gafas especiales para contemplarse, tan solo un punto de cordura y razón.