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“Una aguja sobre el cielo te atrapa como un hechizo, te engancha y te columpia en un embrujo, y entonces sabes, entonces comprendes que volverás toda tu vida”
Miriam García
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“Una aguja sobre el cielo te atrapa como un hechizo, te engancha y te columpia en un embrujo, y entonces sabes, entonces comprendes que volverás toda tu vida”
Miriam García
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“Quizás ese miedo a la impermanencia explica el ansia con que consumimos los pocos bocados de experiencia pura, en carne viva, que nos ofrece la vida moderna, por qué la violencia es libidinosa, por qué la lujuria nos devora, por qué los soldados eligen no olvidar sus días de horror: nos aferramos a esos momentos extremos en los que parece que morimos y en los que, por el contrario, renacemos… nos vemos empujados, por muy brevemente que sea, a ese presente vital en el que no permanecemos al margen de la vida, sino que somos vida, nuestro ser nos llena… la soledad desaparece en la eternidad”.
Peter Matthiessen
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Claro, todavía queda (bastante) invierno, pero una vez que enero está a punto de acabar y que esa luz tan especial prolonga el día y alarga las sombras, siento que el invierno acaba. Seguro que aún hay tiempo de fotografiar escenas frías pero necesito encontrar nuevas motivaciones. Busco un tema musical que me acompañe mientras tecleo frente al ordenador sin perder de vista la fotografía que voy a publicar. Encuentro “If” de Pink Floyd y me parece perfecto para cerrar esta serie de instantáneas con una última toma de profundo invierno. Es reciente, apenas un mes, en uno de esos pueblos donde casi no pasa nada, incluso la nevada apenas perturba el transcurrir del día y el tiempo se mide con relojes especiales, de esos donde las manecillas caminan lentas por la esfera.
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Un cierto vacío y la sensación de soledad son atributos que de algún modo considero que van unidos, aunque igual es solo una apreciación, una manía más. El caso es que ese concepto tan perseguido en fotografía del “espacio negativo” a mi me fascina. Me gustan las composiciones con grandes superficies sin información relevante pero que sin embargo refuerzan el interés del sujeto principal en la fotografía, también en la obra gráfica. Y sin caer en un minimalismo exagerado, con pocos elementos compositivos se puede influir en el estado de ánimo de quien se detenga ante la fotografía. También sucede con la música, no hay más que poner algún disco de Jonny Cash. Lo estoy haciendo mientras edito la fotografía que voy a publicar y escribo estas palabras que la acompañarán. Entonces siento que se amontonan las emociones golpeándose torpemente las unas con las otras por intentar salir.
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¿Es necesario elegir el tipo de fotógrafo que quiero ser?. Quiero decir si existe realmente una tipología que necesariamente deba convenir para reconocerme con un estilo preciso, claro y diferenciador. Realmente no lo sé. También es cierto que hace tiempo dejó de preocuparme aquello de buscar un estilo propio. Sé en qué ambientes me muevo mejor, entre qué escenas me encuentro a gusto y con qué motivos mi capacidad de expresarme cobra una dimensión aceptable. Naturaleza y ciudad, dos temas diferentes con amplias posibilidades cada uno e infinitos puntos de vista para ser tratados. ¿Porqué elegir uno u otro?, ¿hay tanta diferencia entre sí como para no ser complementarios?. Al fin y al cabo de lo que se trata básicamente es de expresar una sensibilidad determinada con cada imagen que tomo, es parte del lenguaje fotográfico, es parte de mi manera de percibir la escena. No tiene mayor trascendencia más allá de esa posible punzada que reciba un observador entre mil, ante una imagen determinada. Eso justifica la fotografía y apacigua la vanidad.
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Volver a Madrid es casi como volver al trópico. Esta burbuja climática procura un regreso, como poco, desalentador, a lo que podemos sumar el ruido constante al que nos hemos habituado por aquí, el tráfico denso y las prisas crónicas, la contaminación persistente,… son motivos suficientes para que el retorno desde latitudes donde el invierno aún existe y la naturaleza es real, se haga bastante duro. Pero aquí estoy, a unas pocas teclas del blog, añorando un espacio abierto casi infinito.
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Ahora que comenzamos el invierno plenamente, que el frío parece asomar de manera insistente y las primeras nevadas de interés se distribuyen sabiamente por nuestra geografía, ahora precisamente son los mejores momentos para salir ahí fuera y fotografiar la naturaleza.
La soledad puede ser parte de un viaje, para cada cual será tan placentera o molesta según circunstancias y estados de ánimo, pero, ¿se puede fotografiar?.
Os confieso una pequeña maldad personal, igual no es gran cosa, lo sé, pero el “rum-rum” ahí me queda: al charlar entre amigos disfruto llevando la contraria por la simple razón de prolongar la conversación, compartir puntos de vista y debatir buscando ese guiño de diversión cómplice. Y así, se me antoja que aún queda invierno, al menos en cuanto a las fotografías que guardo de hace bien poco y que no he tenido ocasión de editar. Cualquier excusa vale por el placer de la charla, y de la fotografía, claro.
Desolador y hermoso. Dos mitades de lo real a elección según gustos. La fantasía de la evocación y del recuerdo. Alguien se aferra a eso mismo, quizás una cabaña similar a orillas de algún lago helado. Solo nos dejan la posibilidad de imaginar para escapar, porque la realidad pocos la soportan ya.