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Seguramente ni era consciente de que alguien pudiera estar fotografiándolo. Un retrato felino, tranquilo y apacible, en el que todo parece suceder sin prisas, sin tensión y sin esa carga que supondría intentar lo mismo con una persona en una actitud similar. Es curioso cómo reaccionamos las personas ante determinadas situaciones y, en particular, cómo nos comportamos los fotógrafos. Lo nuestro, desde luego, daría para escribir una buena tesis psicológica.
