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La fotografía callejera tiene mucho que agradecerle a las increíbles instantáneas que Walker Evans capturó en el metro de Nueva York entre 1938 y 1941. Con una cámara Contax de 35 mm escondida bajo su abrigo, el objetivo asomando entre los botones y un disparador por cable en la manga, Evans se convirtió en un verdadero pionero. Su colección de retratos de pasajeros es, sin duda, una de las más fascinantes e influyentes jamás realizadas en el metro de cualquier ciudad. Estas fotografías, tomadas de forma espontánea, como bien dijo Evans, la cámara actuaba como un «ojo espía», nos muestran retratos crudos, reposados y llenos de vida, sin la “mascara social” que a menudo vemos. Para mí, son una fuente de inspiración constante a la hora de fotografiar en el metro.
