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Nada me resulta tan interesante como buscar una manera diferente de narrar lo cotidiano.
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Encontrar una razón para fotografiar es relativamente sencillo; el motivo, la escena, lo peculiar de la situación,… eso es lo que remueve mil sensaciones en el subconsciente y en última instancia lo que provoca que realicemos una instantánea.
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Una línea perfecta que divide el plano, un grafiti de esos con colores imposibles y personas subiendo por las escaleras que dan forma a esa diagonal. Un conjunto de circunstancias que me gritaba realizar la instantánea y yo soy un espíritu débil, lo reconozco. ¡Click!, unas más… ¡Click!.
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Tomar una foto es algo que hacemos todos los días, pero para mí y supongo que también para vosotr@s, es una oportunidad para jugar con luces y sombras, explorar líneas y ángulos, y experimentar con diagonales y contrastes. La diversión está en cualquier lugar y en cualquier momento. La fotografía nos ofrece todo eso; solo necesitamos capturar el instante.
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O quizás el inicio, según se mire y sin embargo desde cualquiera de los dos puntos de vista la escena sería atractiva, distinta, pero igualmente sugerente. Las escaleras invitan a recorrerlas con la mirada buscando respuestas, quizás ese motivo que impulsara al autor a mirar de esa manera, con ese punto de vista, con esa intención. Luego está el monocromo que todo lo puede.
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Hace bien poco leía algo así como que tomar fotografías era lo más parecido a saborear la vida intensamente cada centésima de segundo y que cuando fotografiamos una escena no tomamos algo, en realidad recibimos su reflejo y en lugar de un trofeo de caza, cada imagen deberíamos sentirla como un regalo lleno de magia. Me parecen reflexiones llenas de bondad y de humildad, quizás el argumento central para esos nuevos propósitos, también fotográficos, que tod@s nos hacemos con el inicio de un nuevo año. Y no son malos argumentos a tener en cuenta cuando salimos por ahí a fotografiar.
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Que alivio produce encontrar el camino marcado, la señal propicia que nos guía en medio de la incertidumbre y aporta ese punto imprescindible de esperanza. La señalización como salvavidas que en innumerables ocasiones juega un papel crucial en el día a día. Y nada como estar atento a la escena, y esperar, siempre esperar el mejor instante posible.
Aún me fascina la capacidad de la fotografía para registrar la estela del movimiento, el tiempo de la toma ralentizado para captar el transcurso real de la vida. Una cámara en las manos me permite retratar y convertir ese fragmento de tiempo en un instante único, sin igual entre millones de fotografías porque cada momento es diferente a cualquier otro. Si somos conscientes de las posibilidades que se abren ante nosotros, la fotografía trasciende la simple realidad y el horizonte se hace infinito.


