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Sin ser humana me atrajo la atención. Sentada junto al velador, como esperando el servicio de camarero, pasando agradablemente la media mañana. La imaginación es muy poderosa y esta cosa a la que llamamos fotografía, invita frecuentemente a soñar. El poder de la autosugestión, como cuando era niño e imaginaba escenarios fantásticos donde situar historias inventadas. Entonces quizás la fotografía sea esa puerta secreta que nos comunica con un pasado cargado de fantasía, con aquellos buenos momentos de nuestra niñez que casi tenemos olvidados por causa de una vida en exceso “adulta” y llena de obligaciones, con frecuencia no tan importantes como para olvidar esos pequeños momentos de la vida que tantas satisfacciones aportan.



















