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¡Vamos con el 26!.
Os deseo lo mejor en este nuevo año que está apunto de comenzar.
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¿Donde os pilló el apagón del siglo?. ¡Yo intentaba llegar a una cita, pero era imposible!, incomunicado y sin transporte. Fue una situación terrible, y sé que para mucha gente lo fue aún más. En momentos así, lo mejor es mantener la calma, aceptar la situación e intentar sobrellevarla lo mejor posible. Total tampoco podemos hacer mucho más que procurar mantener la mente despejada y encontrar maneras de relajarnos. Como por ejemplo intentar alguna que otra fotografía por aquello de pensar en otra cosa y dejar marchar las preocupaciones, fotografía mindfulness para salvar la situación.
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¿Qué puedo decir de Madrid que a buen seguro no se sepa?. Para mí es la ciudad donde prácticamente he nacido, donde resido, la ciudad que sufro y disfruto a partes iguales. Tras un periodo, quizás demasiado largo, de negación y confrontación, creo que poco a poco me estoy reconciliando con ella. Madrid, como supongo le sucede a todas las grandes ciudades, vive una contradicción permanente, serpenteando entre lo bueno y lo malo, entre la alegría y el drama, entre la modernidad y lo más añejo. Y digo añejo porque lo “tradicional”, eso que suelen llamar “castizo”, hace ya tiempo que se diluyó entre los intereses publicitarios y turísticos. De aquello ya no queda nada. Autenticidad la justa. No obstante, entiendo perfectamente que para muchas personas sea un destino interesante por infinidad de motivos y que pasar una semana en Madrid, por descontado, da para mucho.
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Una visita en excelente compañía a un frontón recién rehabilitado aquí en Madrid, puede dar lugar a alguna fotografía interesante. Y es “ella sola” la que toma la iniciativa de destacar y revelarse según pasan los días. Supongo que como todas y todos, cuando llego a casa después de una salida fotográfica, descargo la tarjeta de memoria en el ordenador, elimino aquello que no sirve y el resto lo conservo correctamente etiquetado y con una edición básica. Luego voy pasando por los archivos de distintas salidas y reviso esto y aquello, veo la fotografía en cuestión, la vuelvo a mirar y dejo que continúe su proceso “autogestivo”. Al final, un buen día, reparo en ella con intención de un acabado final. El resultado lo publico hoy.
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“Los días y los meses son los viajeros de la eternidad. Lo mismo sucede con los años que pasan… A mí me ha tentado durante largo tiempo el viento que mueve las nubes, llenándome de un intenso deseo de vagabundear…”
Bashō
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Feliz Navidad, ni más ni menos. Vamos a procurar ser felices también estos días, tampoco cuesta tanto ¿no?.
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Hay direcciones que son fáciles de seguir, marcas claras que nos indican lo más adecuado y que entra dentro de una concepción racional de lo qué está bien o está mal. No siempre es así porque nada es tan simple, los caminos están llenos de bifurcaciones y alternativas, por eso en ocasiones parece que andemos desorientados, perdidos entre mil voces y otras tantas señales poco precisas, confusas o directamente falsas.
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La ciudad es una gran acumulación de señales, un amasijo bastante caótico de información gráfica de todo tipo que se superpone las unas a las otras. Personalmente lo encuentro fascinante más allá de la bondad, el sentido o la utilidad de los mensajes gráficos. Lo encuentro fascinante como grafista y como fotógrafo. Unir estas dos maravillosas disciplinas sin tener que preparar nada, tan solo permanecer atento caminando por la ciudad, las posibilidades se ofrecen a poco que me esfuerce en buscar el detalle. Un reto, una diversión y una práctica capaz de agudizar el ingenio.
Una explosión de color provocada por la imaginación de un artista plasmada en el muro de cualquier ciudad, y funciona con un enorme poder de liberación, algo así como un “chute” de oxígeno en medio de una durísima ascensión a un “ochomil”, el alivio incluso cuando la tormenta se aprecia demasiado cercana a nosotros.
Brassaï fue periodista, escritor y también fotógrafo del París nocturno desde el inicio de los años 30 hasta bien entrados los 50 del siglo pasado. Entendía la cámara fotográfica como una herramienta capaz de analizar la vida en la calle. Se sintió próximo a la corriente surrealista de la época que ejerció una influencia clave en su fotografía. Quizás fue esa influencia lo que le empujó a retratar las paredes de la ciudad y sus heridas en forma de dibujos, escritos y garabatos, dejándonos un legado fotográfico lleno de simbolismo, ambigüedad y espontaneidad. Siempre he reivindicado su figura y la fotografía de grafitis, hoy más elaborados, donde se suelen mezclar soportes de papel pegados junto a textos dibujados o simples grafismos escritos. Son imágenes de nuestro tiempo, nos hablan de la ciudad y de su ritmo, de lo inmediato y lo pasajero en la vida urbana. Al encuadrar, componer y fotografiar sus detalles cobran una nueva dimensión, un sentido diferente lleno de signos y mensajes que se mezclan e interrumpen entre sí. Me parece oportuno celebrar los 15 años que cumple este FotoBlog y las dos mil entradas que suma con la fotografía de un grafiti, con Brassaï como maestro en esta variante de la fotografía urbana y con la calle como protagonista. Gracias por acompañarme.
Aunque esta fotografía la he publicado ya hace algún tiempo, he querido recordarla en este viaje por el azul, o los azules mejor dicho. Porque un color nunca es único, funciona con sus matices y sus variables tonales enriquecidas por el propio tema fotográfico elegido y la asociación de ideas entre lo que percibimos de manera objetiva y el vínculo que realizamos, siempre emocional, siempre subjetivo, incluso de forma inconsciente. El color tiene ese poder, la fuerza de relacionar conceptos o crear imágenes y de eso sabe un rato el marketing y la publicidad.
(Reedición del original de 2017).
En ocasiones un escaparate con tipografías de otro tiempo es motivo suficiente para la fotografía. El documento perdura y el recuerdo del lugar, el contexto y la magia de encontrar lo inesperado son motivo suficiente para añadir la fotografía al diario. Lo que sucede es que queda en un ámbito completamente personal.
Pero, ¿alguien entiende para qué sirve semejante cosa?. Y si de multiverso se habla ahora con tanta insistencia, es cosa de aportar nuestro granito de arena, porque todo aquel que realiza fotografías está introduciéndose en un mundo lleno de infinitas posibilidades, con múltiples alternativas y puntos de vista sólo al alcance de la mejor imaginación posible. Somos multiversos con cámara en mano.
Espacios urbanos intervenidos para hacernos reaccionar y obligarnos a posicionarnos. Antes el arte, el arte urbano, era eso: algo así como un puñetazo en un ojo buscando la complicidad o el rechazo, pero siempre con la intención de hacernos pensar. Quizás esa intencionalidad social vuelva cualquier día de estos. Mientras espero siempre quedará el sonido de la fotografía urbana en blanco y negro.
Celebrar una fotografía que puede llegar a tomar el cariz de un clásico cuando lo fotografiado ha cambiado o desaparecido ya es un punto de satisfacción para cualquier fotógrafo. Pero en el caso de los grafitis (y de casi cualquier otro tema) lo extraordinario se diluye entre lo abundante en cualquier urbe del mundo. En realidad no hay nada por lo que lamentarse, la ciudad es una constante mutación y la fotografía tan solo documenta escasos instantes muchas veces sin trascendencia alguna. Y a pesar de ello, volver sobre aquel edificio tan especial en las estribaciones del barrio neoyorquino de Queens, siempre me arranca una sonrisa de complicidad.
Me provoca cierto estupor tomar conciencia sobre la afirmación “nuestro” aplicada alegremente al planeta Tierra. También es peculiar que la condición de mamíferos terrestres vinculada al ser humano, sea la causa de la denominación "Tierra" en lugar de "Agua". Antropocentrismo, otra de esas características que nos definen como especie, también dependiente de la naturaleza pero cada vez más alejada de ella.
Volar es la condición que la evolución negó a los homínidos una vez decididos a poner los pies sobre el suelo, pisando la tierra, dando la espalda al mar. Aire a nuestro alrededor, pero sin capacidad para comprender la importancia de este elemento, tan solo cuando nos falta, cuando nos vemos encerrados entre cuatro paredes y un cuadro. ¿Recordáis aquellos días en lo crudo de la Pandemia?. Aire, me falta el aire.
Me preocupa el medio ambiente, el punto de no retorno que seguramente hemos superado hace ya tiempo, la incertidumbre que nos procura el clima actual,… y el futuro, nuestro futuro hipotecado por un mal sueño, un viaje desesperado, cruel y sin sentido.