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Suelo salir a la calle con una idea clara de qué tipo de fotos quiero hacer, como si fuera un reto o un ejercicio para agudizar mi percepción. Pero, ¡ay!, otras cosas me llaman la atención: unos pies, un ángulo, una esquina, un rótulo… Y lo curioso es que cuando me dejo llevar, cuando no me pongo límites y simplemente disfruto del momento, es cuando más me divierto. Luego, cuando pienso en ese ejercicio que me había propuesto al salir de casa, me digo: “¡La próxima vez sí que me lo tomo en serio y sigo el plan al pie de la letra!”. Ya veremos...

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