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Y sed buen@s … o no!.
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Me atraen las formas de algunos edificios, cuanto más sencillas más me interesan; su disposición, cómo se repiten creando un ritmo visual hipnótico y como la luz natural resalta la geometría de las estructuras, generando contrastes entre sombras profundas y superficies iluminadas. Cada elemento parece conducir al siguiente, formando una cadena visual que transmite continuidad y orden. Algún detalle en la estructura suele destacar sobre el resto y en él puede residir su sentido emocional. La sencillez obliga a la imaginación y la imaginación procura la emoción. Lo básico puede convertirse en extraordinario y esa invitación al juego fotográfico ya es un aliciente en sí misma.
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Una sintonía de líneas puede llegar a ser musical, así lo creo. Y Kandinsky lo sabía a la perfección. Usaba la música como inspiración para sus pinturas abstractas, mezclando color, sonido y sensaciones. Creo que la fotografía de arquitectura puede tener algo de eso también, al menos desde mi punto de vista. Si me abstraigo del conjunto centrándome en detalles que armonicen y compongan una sencilla melodía de formas, líneas y contrastes, el resultado puede tener algo de ese componente musical. Y cuando llego a ver la fotografía de esta manera, entonces es el color el que se encarga de las sensaciones.
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¿Acaso es posible extraer de la arquitectura como motivo fotográfico algo más que un conjunto de líneas y una composición acertada?, ¿y la emoción o el sentimiento? ¿cuentan?, pero, ¿somos capaces de transmitirla?. Es evidente que sí, cuando reviso obras fotográficas de algunos fotógrafos, me viene a la cabeza Lucien Hervé, por ejemplo, o Ezra Stoller, también Hélène Binet. Otra cosa es a título personal, aunque siempre queda la intención, las ganas por lograr ese “algo” que atrape, procurando la atención suficiente como para motivar a reflexionar aunque solo sea por un instante. René Magritte escribió: “Se trata de inventar un universo, no de describirlo”.
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La composición con formas o planos de color ofrece una experiencia visual sumamente gratificante. Si bien no se trata de una técnica novedosa, las abstracciones basadas en planos de color han sido y continúan siendo un recurso habitual en la pintura. En el ámbito de la fotografía también encontramos referentes destacados, como la obra de Saul Leiter, quien supo trasladar su universo pictórico a su característico estilo de retratar la ciudad. Personalmente me siento atraído por la búsqueda de composiciones cromáticas, disfrutando de la visualización de las posibilidades que se presentan al encontrar elementos de interés. La fotografía, en definitiva, posee una riqueza y versatilidad que la hacen infinitamente explorable.
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Suelo escribir preguntándome sobre la necesidad de fotografiar lo que ya ha sido fotografiado demasiadas veces, incluso yo mismo, al pasar por ciertos lugares, caigo en la tentación de volver a fotografiar un rincón, una luz, un reflejo…, cualquier sensación es un motivo para intentar una nueva toma. Y contribuyo a aumentar esa carga ¿innecesaria? de fotografías que “flotan” entre servidores y viajan por cables de fibra de un lugar a otro. Tampoco creo que sea tan trascendente como para requerir un ensayo sociológico y del comportamiento humano. Allá cada cual. El asunto es que este preciso lugar, un paso por la parte inferior del edificio del Caixaforum en Madrid, casi suspendido en el aire, es uno de tantos rincones que me atraen una y otra vez. Creo que siempre encuentro el motivo y la necesidad de hacer alguna ¿nueva? toma. Pero en un mundo convulso como el que vivimos, un poquito de satisfacción y felicidad personal nunca está de más.
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Versión en B&N aquí.
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Recuerdo que antes perseguía las sombras. Las buscaba en esas paredes donde al atardecer, la luz rasante descubre las texturas y los detalles. Eran enigmáticas, misteriosas, con vida, capaces de deslizarse entre las paredes evitando ser capturadas. Por aquel entonces me parecía imposible poder fotografiarlas, revelar sus misterios y despojarlas de todo secreto. Salía a diario cámara en mano buscando la hora propicia, el momento y el lugar. Un buen día, después de muchos intentos conseguí capturarlas en todo su esplendor, las fotografié una y otra vez desde todos los ángulos hasta que perdieron su encanto, las despojé del misterio y dejaron de interesarme. Aquellos eran tiempos de aprendizaje, de tomar notas, de revelar las instantáneas para dar con las explicaciones oportunas a las preguntas necesarias. Con el tiempo se superan muchas interrogantes, la experiencia cubre cada espacio que dejaban las dudas y lo que de manera infantil parecía superado recobra el protagonismo que nunca debió perder. Hoy las sombras vuelven a estar presentes y las busco allí donde se ocultan.
Se retuerce adaptando su forma a la de la estructura que envuelve. No es un elemento natural nacido de la tierra, el agua o el aire, tampoco depende de ellos ni parece condicionado por sus cambios. Creemos que resistirá el paso del tiempo de manera indefinida que será para siempre, pero nada es perfecto ni eterno, todo es pasajero.