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Asumo que en fotografía menos es más y que componer se trata más bien de restar elementos del encuadre, no añadirlos. Dos máximas que suelo tener siempre presentes y de las que me considero firme defensor. Sin embargo en ocasiones me divierte intentar solucionar escenas complejas, esas donde se multiplican los planos y las transparencias se confunden con los reflejos sin definir del todo cual es cual. Son como vidas superpuestas, mundos individuales que se mezclan para crear una posible realidad e incluso un principio de verdad. Y me resulta inquietante lo mucho que tienen que ver esas fotografías con nuestro tiempo actual, donde el desconcierto, el ruido y la mentira ocultan cualquier resquicio de cierta verdad.

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