__
El Camino de los Faros es infinito, sobre todo cuando la vista confunde a lo lejos la tierra con el mar, el cielo con la montaña. Y el viento, siempre el viento.
Casi 200 km de costa y cerca de 6.000 metros de desnivel positivo. Caminos que serpentean entre roquedales, se asoman a los acantilados y suben y bajan entre playas y bosques, siempre con un faro en el horizonte como objetivo.
Ahora me cuesta acostumbrar la vista a la ciudad. A esta ciudad que a ratos se vuelve ingrata y hostil, más aún en estos tiempos convulsos e inciertos. Poco a poco voy recuperando la normalidad, o quizá acostumbrándome de nuevo a ella. Mientras tanto, vuelvo una y otra vez al recuerdo de aquellos caminos, a los lugares recorridos y al viento que, de alguna manera, sigue acompañándome.
