sábado, 22 de agosto de 2009

El Chalten. Parque Nacional Los Glaciares II



Estancia La Leona





El Chalten


Con el traqueteo del autobús regular que nos lleva dirección El Chalten, es imposible conciliar el sueño. Las 9h de la mañana, hace ya mas de una hora que salimos de la estación de autobuses. El día es muy frió, atravesar la mítica Ruta 40, en medio de la nieve y el hielo es espectacular y me hace pensar en la pericia de los conductores en esta parte de la Patagonia.
Hacemos una parada muy breve en la estancia La Leona, un lugar con sabor a frontera y el recuerdo de los primeros pioneros aun flotando en el ambiente. No me extraña ver las paredes decoradas con fotografiás y recortes de prensa de época, de aquellos personajes que dieron con sus huesos en este alojamiento. Entre sus clientes mas famosos destacan Butch Cassidy y Sundance Kid a quienes también acompañaba la esposa de éste último Ethel Place, quienes luego de robar el Banco de Londres y Tarapacá en Río Gallegos, efectuaron aquí una parada técnica en su huida hacia Chile.
Por fin El Chalten nos recibe entre nubes y amenazas de nieve, que caerá intermitente mente a lo largo del día. Una localidad extrañamente despoblada, como si no estuviera terminada, donde las viviendas salpican un pequeño valle encajonado entre montañas. No alcanzamos a ver la majestuosa figura del Fitz Roy, pero su presencia se hace notar, domina el valle, su protagonismo es absoluto.
En la temporada alta, que aquí comienza con la llegada de la primavera, la población de El Chalten permanece volcada en servicios para excursionistas y montañeros, ahora en invierno, vive un dulce letargo, recuperando fuerzas.
Leía en el prologo de un libro sobre rutas de montaña en El Chalten, como su autor animaba a descubrir la magia de este rincón de la naturaleza patagonica, antes, decía, que conviertan El Chalten en un nuevo “remake” de El Calafate.
Espero que eso no llegue a ocurrir nunca, ahora prefiero disfrutar de estos momentos, puros, fríos, intensos, ...

Nikon D200. Objetivo 17-50 mm 2,8. ISO 100.

miércoles, 19 de agosto de 2009

El espectáculo del hielo


El Parque Nacional de los Glaciares,
desde la península Magallanes




Glaciar Perito Moreno


Apenas hace unas horas estábamos todavía apoyados en la barandilla de uno de los miradores, contemplando un espectáculo mágico. Las rachas de viento hacían sentir la fría mañana con toda su intensidad, y el sonido de los témpanos al desquebrajarse y caer sobre el lago, rompía el silencio reinante.
El Perito Moreno impresiona. No es el glaciar más grande del Parque Nacional Los Glaciares, pero su accesibilidad para poder visitarlo, su enorme frente de hielo, de alrededor de 5 km, con unos 60 metros de altura máxima y su lento caminar que le hace precipitarse suavemente sobre el Lago Argentino, le convierten en un gran espectáculo apto para todos los públicos.
El Calafate es la población que brinda acceso a la península de Magallanes, desde donde se puede visitar el glaciar. Una población peculiar, sin duda, con una calle central donde se agolpan casi todos los comercios imaginables, restaurantes excesivamente caros y tiendas de souvenir. Es la arteria vital de una ciudad volcada al turismo y cuya única atracción es el glaciar Perito Moreno.
Pero es conveniente alejarse de esta calle, de sus tiendas y de su aparente lujoso casino y perderse un poco por los alrededores de EL Calafate. Tan sólo dos cuadras en cualquier dirección, son suficientes para abandonar la excesiva iluminación de sus comercios y caminar por calles de barro, salpicadas de viviendas, todas diferentes. Buscar un lugar para comer por la periferia se convierte en toda una proeza, digna de los primeros aventureros que llegaron a estas tierras, más si cabe, en esta época del año, donde el turismo es muy escaso, y por lo tanto, los servicios muy reducidos.
Cuando se contempla El Calafate desde su zona más elevada, la impresión que ofrece es muy diferente. Una ciudad extensa, increíblemente extensa, urbanizada sin orden ni control aparente, donde el alumbrado, el mobiliario urbano, los servicios, el asfaltado de las calles y el pavimentado de las aceras, se limitan a su zona centro. Su disposición alrededor del Lago Argentino, con la inmensa cordillera de los Andes de fondo, como si de un gran decorado de cine se tratase ... es entonces cuando me reconcilio con El Calafate y saboreo lo que amablemente me ofrece.

Nikon D200. Objetivo 17-50 mm 2,8 y 70-200 mm 2,8. ISO 100.

domingo, 16 de agosto de 2009

Infinita naturaleza



Bahía de Ushuaia al anochecer
Vista desde el embarcadero



Descendiendo del glaciar Martial.

Estas son las últimas líneas antes de abandonar Ushuaia. Claudio (guía de montaña que conocimos en una excursión), me contó que la terminación “aia”, corresponde a la palabra bahía en el idioma yamaná, primeros pobladores de Tierra de Fuego. En la actualidad diferentes grupos y asociaciones intentan rescatar vestigios de esta cultura primigenia hoy completamente extinguida.
En el aeropuerto esperamos el embarque en el vuelo que nos llevará a El Calafate, Ya es más de una hora de retraso, perece ser que el mal tiempo en el aeropuerto de destino impide la salida de nuestro avión. No quiero pensar en esto, en realidad no quiero pensar en nada. Cierro los ojos y todavía puedo ver la hermosa bahía de Ushuaia cruzada por bandadas de cormoranes imperiales; petreles gigantes arrancando el vuelo desde el agua, gran variedad de gaviotas y entrañables parejas de cauquer caranca. Estas aves una vez que forman pareja macho-hembra se mantienen fieles, por decirlo de alguna manera, es simpático verlas juntos de un lado para otro. Por las noches, en el embarcadero, se pueden ver leones marinos que se aventuran hasta puerto para asegurarse la cena. Con los ojos cerrados puedo verles zambullirse, noto la fría brisa en mi piel, puedo oler el aire inmensamente limpio, siento la infinita naturaleza de este lugar.
Abro los ojos, no puedo remediar cierta melancolía, pero nuevas experiencias están por llegar y eso me anima.
Nos llaman para embarcar. Hubo suerte, el vuelo sale.

Nikon D200. Objetivo 17-50 mm 2,8 y 70-200 mm 2,8. ISO 400 y 200.