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Quizás tan solo se trate de una necesidad acuciante de vacaciones, de desconexión, de perderme en algún lugar poco frecuentado. Y no es nada fácil, lo sé. Aún quedan días de calor en la ciudad. Y cada nuevo día necesito apurarlo hasta su última gota, pero eso no quita que me imagine ya en otras tierras, bajo otros cielos. También es tiempo de mar.



