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“Miras una ventana y una parte es azul y otra roja, es como un millón de ventanas por las que pasa la gente y a las que no presta atención. La vida tiene más que ver con lo que está escondido”.
Saul Leiter
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“Miras una ventana y una parte es azul y otra roja, es como un millón de ventanas por las que pasa la gente y a las que no presta atención. La vida tiene más que ver con lo que está escondido”.
Saul Leiter
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Es increíble cómo una fotografía puede cambiar su significado dependiendo de quién la mire, de cómo nos sintamos o de si somos jóvenes o mayores. Tal vez porque una de las cualidades de la fotografía es su capacidad para recordarnos lo que olvidamos.
Carlos Gallonet
Sí, y el glorioso cordón umbilical que la fotografía mantiene con el mundo va amoldándose a nuestros cambios según nos hacemos mayores, como un maestro inteligente. La intensidad de lo que yo pude sentir por una persona y luego por su fotografía en 1982 va evolucionando hasta convertirse en un sentimiento solo hacia la fotografía, y lo bien que se ha mantenido esa fotografía impregna mis sensaciones hacia ella.
Nicholas Nixon
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Se cruzan las miradas, los gestos se intuyen y anticipan acciones, nos observamos los unos a los otros seguramente sin malicia alguna, tan solo por el placer de la comprobación y de la comparación. Terreno abonado para cualquier fotógraf@ que guste de captar la esencia de la sociedad actual, o tan solo las costumbres habituales. Sin pretensiones ni perfecciones. Una fotografía para el recuerdo, una fotografía que puedo imprimir y así valorar durante un tiempo evitando el carácter pasajero de lo digital. Y así ese instante permanecerá.
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Voy a comenzar esta nueva página del blog, inaugurar el mes de Agosto y escribir un domingo (cosa que suelo hacer pocas veces) con una frase que me parece define perfectamente la acción de fotografiar: “La fotografía se vuelve lenguaje, precisamente porque no es el mundo, sino una forma de mirarlo y reflejarlo desde fuera” (Joaquín Melguizo). Ahí es nada, la síntesis de la esencia fotográfica, al menos como yo la entiendo. Y según pienso en esta frase me dan ganas de agarrar la cámara y salir ahí fuera, al calor infernal de Madrid y fotografiar. La pereza me puede y busco entre la carpeta con fotografías preparadas para ir publicando, la que mejor cuadre con ese concepto. Y me divierto recordando el momento en el que hice la toma que publico. Una sola toma, con algo de suerte para que la persona que entraba por mi izquierda en el encuadre asomase lo imprescindible. Luego está el alto contraste, las sombras y todas esos charcos en los que no suelo meterme demasiado. Y ahí está el resultado: aceptable, incluso con cierto interés. Decía un buen amigo y compañero en esta afición fotográfica que se conformaba con hacer unas pocas fotografías buenas al cabo del año. Y pienso que incluso eso me parece en ocasiones inalcanzable. Pero no desisto, incluso con las temperaturas del verano.
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“Este no es el planeta Tierra tal y como lo encontramos. Este es un nuevo lugar: un planeta de fuego que hemos creado, con una atmósfera más propicia a la combustión que en cualquier otro momento de los últimos tres millones de años”.
John Vaillant
(Periodista autor del libro El tiempo del fuego. Historia de un incendio en un mundo más cálido, finalista del premio Pulitzer 2024).
"La crisis climática es algo que durante años vimos por televisión, ocurriéndoles a otros, hasta que un día descubrimos que nosotros éramos los protagonistas”.
Bruno Latour
(Filósofo, sociólogo y antropólogo francés).
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Solo un instante más, solo otra fotografía, solo la intención pero también la oportunidad. Solo el calor que se siente en esa intensidad de contrastes, solo otra fotografía. Tan solo las sensaciones que me llevan a elegir el momento, el encuadre, el equilibrio de la luz y el tiempo, siempre el tiempo,… Solo una fotografía en la inmensidad de aquello que llamamos “nube” o “redes” o lo que quiera que sea ese espacio inmaterial, confuso y difuso. Solo. Otra fotografía más. Nada más que soledad.
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Dicen que denota confianza, transparencia y valor para enfrentar los problemas. No siempre es fácil cuando fotografío a alguien y no lo digo por el fotografiado o fotografiada sino más bien por mi mismo. Los recursos para evitar las miradas directas son variados, pero en ocasiones, aún refugiándome en uno de esos recursos, la situación gira de alguna manera extraña y la casualidad ilumina la estancia. Suelo argumentar que soy fotógrafo circunstancial siempre atento a cualquier oportunidad, en ocasiones de instantes providenciales y en otros casos sencillamente me dejo llevar por la situación. Fotografiar lo que un trocito de vida concreto depare es todo un privilegio.
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Si no tengo muy claro como iniciar el nuevo mes, o bien tiro por los bares -esto suena fatal, lo sé- o bien por composiciones arquitectónicas. Y aquí estoy con una de esas últimas y es que las líneas y las formas son una pequeña debilidad que me persigue a lo largo del tiempo.
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El rojo siempre se apodera de mi atención allí donde se manifiesta de manera exultante. Inmenso todo lo que toca, difícil de tratar en muchas ocasiones por su capacidad para reventar sensibilidades digitales y analógicas. Extrovertido, incisivo y perseverante. Inquietante y revolucionario, transgresor y rompedor. El rojo es poder.
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A tan solo un pulso de obturación todo su mundo y aquello que había captado con su cámara quedó grabado para siempre en un puñado de píxeles. Una instantánea que podría contener sus conocimientos como fotógrafa, la técnica que emplea, sus principios y valores fotográficos también, incluso el momento preciso que describe la totalidad de la imagen. Todo. Abierto a la interpretación y a la imaginación. Igual ella también me fotografió en alguna otra oportunidad, quizás escriba en este preciso instante algo muy similar a esto. La vida es un constante aleteo de viento en el cual nadie es único ni especial y sin embargo tod@s formamos parte de un inmenso y complejo puzzle.
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Sin ser humana me atrajo la atención. Sentada junto al velador, como esperando el servicio de camarero, pasando agradablemente la media mañana. La imaginación es muy poderosa y esta cosa a la que llamamos fotografía, invita frecuentemente a soñar. El poder de la autosugestión, como cuando era niño e imaginaba escenarios fantásticos donde situar historias inventadas. Entonces quizás la fotografía sea esa puerta secreta que nos comunica con un pasado cargado de fantasía, con aquellos buenos momentos de nuestra niñez que casi tenemos olvidados por causa de una vida en exceso “adulta” y llena de obligaciones, con frecuencia no tan importantes como para olvidar esos pequeños momentos de la vida que tantas satisfacciones aportan.
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Encontré este grafiti en una entrada de garaje. Había pasado por allí en muchas ocasiones pero no reparé en él, o simplemente era reciente. Suelo pararme justo en frente y hacer algunas fotografías. También espero y dejo pasar alguna persona, hasta que se cruza alguien que despierta mi interés. Fotografiar estas escenas es bastante sencillo, solo es necesario algo de paciencia. La gente pasa justo delante de un estremecedor grafismo sin percatarse de nada más que su propio mundo. Quizás ya nada despierte nuestra atención. Quizás esa parte del cerebro, el substrato consciente, sea demasiado poderosa. Esa misma parte que condicionada por comportamientos previstos, es ajena por completo a la capacidad de soñar. Estamos dominados por el mandato comercial, por lo que de nosotros esperan día a día la “superestructura social”. La explosión interior, la actitud rebelde e inesperada quedó proscrita hace tiempo. Ahora lo diferente llena estadios o copa la Prime Time de las distintas cadenas de TV.
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Salir y fotografiar, también bajo la lluvia porque no siempre se pueden dar las mejores circunstancias para fotografiar, buscando quién sabe qué, seguramente por el sencillo placer de hacer alguna que otra instantánea, deambulando sin rumbo pero bien atento a cualquier posible escena, algún detalle interesante o quizás un contraste intenso.
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La escena tiene que llamarme la atención lo suficiente como para buscar la mejor fotografía posible. Por la composición que permita, por las personas que entran en el encuadre, la luz, siempre la luz, quizás los colores o tal vez lo peculiar de la situación. Si no hay un “algo” esencial aquello pasa desapercibido delante de mis ojos, sin mayor trascendencia. A cada cual nos motiva algo, esa esencia fotográfica que nos mueve a pulsar el disparador es la que nos distingue. Muchas veces me invade la duda por una u otra forma de fotografiar, la técnica o incluso (todavía) el tipo de cámara y sus ajustes; ¿será esta manera de fotografiar la mejor forma de expresarme?. Si, todavía me planteo este tipo de interrogantes y casi siempre despejo las dudas diciéndome a mí mismo que en realidad lo que cuenta es la imagen final, aquello que pueda transmitir y poco más.
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Una línea perfecta que divide el plano, un grafiti de esos con colores imposibles y personas subiendo por las escaleras que dan forma a esa diagonal. Un conjunto de circunstancias que me gritaba realizar la instantánea y yo soy un espíritu débil, lo reconozco. ¡Click!, unas más… ¡Click!.
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Existe una gran tradición en la historia de la fotografía en lo referente a captar grafitis con mensajes o grafismos más o menos complejos. Me viene a la memoria grandes fotógrafos como el gran Brasaï y mas modernos como Martha Cooper. Son dos referentes, fotógrafos que me sirven de inspiración y aprendizaje constante. Luego está eso de salir cámara en mano a recorrer la ciudad. Y dejarse llevar, nada más.
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Es la magia de la la calle. Solo reclama nuestra atención, nos atrae con cada escena que construye, con sus contrastes de luz y sus pronunciadas sombras, con cada detalle que nos muestra para que nos impliquemos y participemos en un juego de miradas, atentos a cada situación inesperada. Y yo me dejo llevar, caigo en su embrujo, en ese encanto tan especial de la vida urbana. Y quizás la fotografía solo sea la excusa perfecta.
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Algunas imágenes las construimos en nuestro cerebro antes de que se produzcan. Las soñamos. Te desplazas a ese lugar concreto y esperas, dejas pasar el tiempo aguardando el instante imaginado. Incluso vuelves en varias ocasiones con la misma idea en la cabeza. No siempre resulta, claro, nunca es tan fácil, pero suele ser un ejercicio muy entretenido.
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Observo el ir y venir de la gente, muchos turistas, personas apresuradas que están de paso, bolsas de comercios que se confunden entre grupos que esperan y aquellos que transitan con premura. Sigo observando, preparo la cámara y hago dos tomas, instantáneas testigos del ajetreo diario en La Gran Vía madrileña. Nada nuevo, tan solo la grandeza de lo particular reflejado en la vida de los que quedan dentro del encuadre.